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La vida ‘lenta’ de Constanza Richards: “Soy feliz a través de experiencias, no de compras”

Sicóloga de profesión, especialista en herbolaria, terapeuta de flores de bach y creadora del sitio web Andes Guardianes, Constanza Richards (29), vivió un giro profesional hace dos años, cuando decidió de hacer de su hobby su trabajo, transformando su vida en un ‘buen vivir’ y ligando su quehacer con la tierra y el ritmo de la naturaleza.




Por Francisca Colussa.

Con experiencia en sicología, marketing y redes sociales, Constanza siempre manifestó interés por la naturaleza. Y claro, con una infancia en Curicó y tradición familiar vinícola y agricultora, creció en el campo viendo a los bueyes, rodeada de tortilla de rescoldo y verduras recién sacadas de la tierra. Llegó a Santiago a estudiar y se quedó 10 años. “Desde que salí de la ‘U’ decía ‘este año me voy’ y nunca me decidía… echaba de menos el campo, la tranquilidad y tener naturaleza cerca”, comenta.


Hasta que llegó el “clic” que la hizo cambiar de vida. Era 2017 y tenía todo listo para irse a vivir a Europa por un año, pero mientras más se acercaba la fecha de partida, más infeliz se sentía. “Me puse seria y me pregunté: ‘¿es esto lo que realmente quiero hacer?’ Decidí parar todo y quedarme en Chile para hacer lo que sí estaba alineado conmigo, dedicarme a mi proyecto Andes Guardianes (web de vida lenta y sustentable) que recién llevaba unos meses”, cuenta Constanza.


Así, de golpe se decidió por la vida ‘slow’. Simplificó su día a día y acomodó sus quehaceres a los ritmos naturales de la tierra. Han pasado más de dos años y esta decisión lleva un buen recorrido, que incluye una vida nómade por más de un año y considerar el trueque como una gran parte de su economía diaria. Hoy, Cota vive en una casita en San Antonio junto a su pareja,con quién además trabaja.


De consumidora a vividora


¿Cómo son tus días?

En mi casita hago todos los días pan y yogurt, hace poco hice chucrut, estoy esperando para poder probarlo. Como vivo en una zona rural, hay una comunidad increíble en torno a los oficios como cestería, textiles, talabartería, pesca artesanal, queserías... es mi sueño, me hace sonreír siempre. Hace dos años trabajo entorno a la recolección silvestre y elaboración de fitopreparados con hierbas medicinales. Facilito el aprendizaje sobre plantas para apoyar el auto cuidado, hago talleres a empresas y también para Andes Guardianes (www.andesguardianes.com), la comunidad online del buen vivir, un lugar donde se reúnen las personas en torno a prácticas y saberes para vivir en armonía con la tierra y sus habitantes. Además, participo de una feria mensual que se llama Nømada, somos seis + una invitada especial y vamos una vez al mes en Santiago.


¿A qué desafíos te has enfrentado al cambiar de vida en un sistema que no es precisamente ‘slow’?

Encontrarse con personas que piensan que te volviste loca… Familia, amigos, ¡de todo! Desde afuera se debe ver cómo un cambio súper brusco, porque es pasar de vivir una vida acorde a lo ‘esperable’. Yo amaba mi trabajo en marketing y prensa, pero era mucho, ir y venir a reuniones, compromisos y eventos, proyectos personales, etc. Ahora vivo en una ciudad chiquitita, más pueblo, donde no hay ni una cafetería y me encanta. Tengo tiempo para las cosas que yo considero importantes, leer, salir a caminar por la playa, recolectar plantitas y vivir de mi oficio, que antes era un hobby.




En tu Instagram (@cotarichards) y tu página, has planteado varias veces las bondades de la economía de truque? ¿Cómo la aplicas en tu vida?

¡Me encanta! Haría todo por trueque, pero hay cosas con las que aún no se puede, como las cuentas y el arriendo (ríe). Cuando era chica, siempre veía que llegaba gente a mi casa y traían cosas de regalo: cajones de guinda, leche fresca ordeñada, miel, huevos, etc. Y después veía que mis papás hacían otros regalos a esas personas, crecí con eso. Tengo varias amigas “hacedoras” -como yo les digo- y siempre nos intercambiamos cositas. Una hace cosmética , otra estampados y tintes naturales, y así. A veces yo hago un extracto herbal nuevo y les llevo a todas, y así se van haciendo los intercambios. ¡Eso es lindo!


¿Cómo fue la experiencia de la vida nómade?

Cuando decidí quedarme en Chile, noté que por fin tendría el tiempo necesario para abrir espacios de aprendizaje en lugares donde a veces no están esas oportunidades. En Andes, uno de nuestros valores es descentralizar, revalorizar los oficios y tesoros de todo el territorio. Empezamos a coordinar talleres en todas las capitales regionales, y eso nos tuvo de viaje por ¡un año y medio! Recorrimos de Arica a Puerto Montt, y tenemos pendiente Coyhaique y Punta Arenas. Nos recibieron personas en sus casas, y conocimos grandes amigos que hemos vuelto a visitar. Rescato mucho que aún exista la confianza, que te abran las puertas de una casa, seguir en contacto. Este año sí me instalé en una cabañita muy acogedora, a pasos de la playa, aquí tengo mi taller y aquí vuelvo después de cada viaje. Siempre me acompaña mi pololo que además es fotógrafo y trabaja conmigo. Sin él no sería posible coordinar y llevar a cabo tantas cosas.





¿En lo práctico, cómo es vivir más lento?

Parte de vivir más lento es pasar de consumidor a vividor. A mí me gusta ser feliz a través de experiencias y aprendizajes, no de compras. Te voy a recomendar un libro, se llama “Vivir mejor con menos”, y es una gran declaración de valores frente al panorama medio ambiental. Si queremos cambiar el mundo para bien, tenemos que frenar esa fiebre de consumo en la que se vive. Necesito pocas cosas y todas las encuentro acá. Compro casi todo en la feria de productores locales, despierto cuando está clarito porque tengo un tragaluz en la pieza, solo tengo una alarma para acordarme de subir contenido a mis redes a las 9am. Cuando anochece y hace frío, pongo la tetera para un guatero y me acuesto.


¿Y la tecnología? ¿Te das gustos ‘procesados’?

Me gusta sacar fotos con mi cámara. Tengo solo dos enchufes en mi casa, en uno está el refrigerador y en el otro va un cargador o secador de pelo, nada más de tecnología. He tenido que ir al doctor una vez en el invierno y cuido mi salud con preparados herbales que hago yo misma. Creo que la idea más errónea es que por vivir lento o querer cuidar el medio ambiente uno está en contra de todos los productos y todo el consumo, pero en mi caso no es así. Si creo que es importante aprender a vivir más simple, porque te hace más feliz, y se vive más tranquilo.

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